English / Español
Nuestra Firma Profesionales Artículos Noticias Contacto y Consultas
Servicios
Propiedad Intelectual
Derecho de Autor
Patentes
Marcas
Defensa de Derechos
Antipiratería y Aduanas
Resolución Alternativa
Litigios
Competencia Desleal
Áreas Relacionadas
Deportes y Entretenimiento
Valoración

05/12/2016
Derecho Moral a la integridad: De las obras arquitectónicas al “tu mutismo te hace más interesante…”
Por:  Manuel Antonio Rodríguez

La peculiar naturaleza que informa, mantiene y circunda al Derecho de Autor, es génesis permanente de nuevas situaciones y casos, muchos de ellos complejos y dinámicos que pueden llegar a colocar el alcance de las normas que protegen a los autores y otros titulares, en directa confrontación con derechos de orden general o que inciden en el colectivo. De la misma manera que pudiera estar inscrita en el interés de una sola persona.

Y no es que nos estemos refiriendo al permanente debate del Derecho de Autor y el Derecho a la Cultura, incluida su temática adyacente, o el costo, valor o contraprestación inherente al uso de las obras del ingenio, productos o producciones tuteladas por el Derecho de Autor. No. Focalizamos los comentarios de esta sencilla reflexión en las múltiples, variadas, fecundas y hasta ocurrentes situaciones que derivan de la infracción de los derechos morales.

Luego de la salvaguarda que se le otorga al autor de una obra del ingenio de ser reconocido como tal (paternidad), derecho que persigue evitar las distintas modalidades de plagio, el segundo derecho moral mayormente violentado, en algunos casos de manera bastante grave, es el derecho a la integridad de la obra, a través de cuyo ejercicio se intenta impedir los cambios, modificaciones, supresiones o alteraciones de una obra.

Teniendo una base normativa de vieja data [1] y siendo regulado en la mayoría de las legislaciones, bien de modo preciso [2] o en forma más genérica [3], pareciera suponerse que las consecuencias jurídicas derivadas de las infracciones que se producen en esta materia, serían de sencilla y relativamente rápida aplicación y corrección jurisdiccional. Bastante alejada de la realidad esta afirmación.

Tomemos la obra arquitectónica y veamos algunas decisiones judiciales referidas a la afectación de su derecho de integridad: 

Conviene tener absoluta claridad sobre el concepto y alcance de la obra arquitectónica y diferenciarla, por ejemplo, de la obra de arte. Hay casos en que la vulneración resulta por la remoción inconsulta de algún elemento que conforma parte de la obra, como lo fue el retiro inconsulto de un logotipo de una entidad bancaria que conformaba parte de un mural artístico (erróneamente considerado obra arquitectónica), dejando en su lugar un enorme hueco, burdamente rematado con cemento, como bien lo señaló en su oportunidad el accionante [4].

Hay situaciones en que la obra arquitectónica, recordando lo que sucedió con “Monumento al Pescador” del reconocido autor español Arcadi Blasco, es objeto de injustificables actos de agresión, que la descontextualizan y desnaturalizan, tal como lo apreció y sentenció la Audiencia Provincial de Alicante (España), al condenar al Ayuntamiento de El Campello [5].

Un caso emblemático y muy ampliamente analizado es el de la obra arquitectónica del puente Zubi Zuri, ubicado en España, pues el daño a la integridad alegado se basó en que se construyó a su lado, muy posteriormente una pasarela, que prestaba igualmente un servicio público de interés general. Conforme a la afirmación del autor del puente de los planos, el renombrado arquitecto español Santiago Calatrava: “El Zubi Zuri ha dejado de ser una obra que acaba en sí misma. Ahora tiene un añadido que altera su indudable personalidad […] Se ha unido a otro objeto que nada tiene que ver con la obra preexistente. Era un puente acabado, ligero, que resolvía los seguramente complejos problemas de apoyo de forma imperceptible, sin la densidad con la que otros muchos puentes de Bilbao han abordado la comunicación entre ambas márgenes. […] Ahora se aprecia, sin embargo, que tiene una prolongación cuya sujeción debe calificarse de rotunda: unos soportes de hormigón de diámetro apreciable que sustentan la pasarela son la continuación de un puente en el que los apoyos casi no se notan” [6].

Aunque la decisión fue favorable a Calatrava [7], no se le concedió todo su petitorio, generándose una candente discusión sobre la ponderación o no del Derecho de Autor sobre la noción de construcciones e inmuebles al servicio público (hospitales, escuelas, teatros entre otras), lo que trajo a mi memoria la posición de algunos que señalan que el autor debe aceptar las modificaciones hechas, siempre que se mantenga la esencia de la obra, parecer del cual discrepamos totalmente, pues cabría la posibilidad de incorporarse modificaciones no previstas en las funcionalidades de los planos primigenios [8]

De la misma manera como referimos el derecho moral a la integridad en la obra arquitectónica, en otros géneros de obras también está presente tal potestad, incluso cuando la afectación resulte de un hecho que para muchos puede resultar insignificante. En una obra literaria para el esparcimiento, el texto en la forma expresiva que lo concibió el autor, no debe ser modificado en modo alguno sin su consentimiento expreso y escriturado, aunque del mismo texto se desprendan errores gramaticales. Tomemos como ejemplo la frase: “Tu amor se profundió en mi corazón”. Profundió no tiene un error gramatical, es sencillamente una palabra de fantasía que entremezcla las palabras hundir y profundamente, lo que le otorga una originalidad indiscutida. El editor o corrector de estilo que la cambie, comete una infracción.

Lo mismo sucede con la frase “tu mutismo te hace más interesante”, si le son colocados signos de interrogación, exclamación o suspensivo. Su énfasis y sentido cambia dramáticamente, pues puede asumirse, conforme al entorno expresivo que la antecede o continúa, como una crítica, ironía, desazón o desinterés. Estos dos ejemplos, pese a no tener aún una resolución judicial, demuestran que al Derecho de Autor poco le importa el mérito de una obra para que goce de protección, sino que lo condiciona todo a su originalidad, sencilla palabra que genera en ocasiones una pragma-dialéctica. Algo parecido al amor.

 

 

---

[1] Convenio de Berna para la protección de las obras literarias o artísticas. Artículo 6, bis 1; “Derechos Morales: […] Independientemente de los derechos patrimoniales del autor, e incluso después de la cesión de estos derechos, el autor conservará el derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de la misma o a cualquier atentado a la misma que cause perjuicio a su honor o a su reputación”. No debe existir duda alguna que esta protección corresponde no solamente a los planos,  sino a la edificación, pues basta leer el Artículo 4, c, ii, del mencionado Convenio: “[…] si se trata de obras arquitectónicas edificadas en un país de la Unión o de obras de artes gráficas y plásticas incorporadas a un inmueble sito en un país de la Unión, éste será el país de origen”.

[2] Ley de Propiedad Intelectual de España: Artículo 14. “Contenido y características del derecho moral Corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables: […] 4.º Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación” 

[3] Ley sobre Derecho de Autor de la República Bolivariana de Venezuela. Artículo 20.- “El autor tiene, incluso frente al adquirente del objeto material de la obra, el derecho de prohibir toda modificación de la misma que pueda poner en peligro su decoro o reputación. El autor de obras de arquitectura no puede oponerse a las modificaciones que se hicieran necesarias durante la construcción o con posterioridad a ella. Pero si la obra reviste carácter artístico, el autor tendrá preferencia para el estudio y realización de las mismas […]"

[4] http://caracas.tsj.gob.ve/decisiones/2006/noviembre/2122-21-01474-.html. “[…]aunque el banco encargó la obra al artista y canceló unos honorarios por su elaboración, incluía inicialmente el logotipo que lo caracterizaba, y que invoca le pertenece, pero en todo caso nada le autorizaba para removerle, en todo caso debió contemplarse la situación de que el logotipo pudiera ser alterado en el futuro o cambiar drásticamente alguna vez, para no incluírsele, o en todo caso pactar con el artista que hacer en el caso de ocurrir, o contar con su autorización al menos. Quedó desvirtuado en la secuela del proceso, con la declaración de los testigos expertos, que el mural de concreto fuere una obra arquitectónica, sino que fue, y lo sigue siendo una obra de arte. Aun en el supuesto, no demostrado, que el logotipo retirado, fuere una marca comercial que le pertenece a la entidad bancaria demandada, caso en el cual hubiera podido hacer lo que a bien tuviere con ella, claro está, sin afectar el ámbito de los derechos del autor del artista de la obra, éste es precisamente su límite, que no fue respetado ( el derecho de integridad de la obra de arte) y ello ocasionó un daño, pues al faltarle uno de los elementos de la obra en su concepción, además que afecta estéticamente el trabajo, afecta moralmente a su autor, a quien se le produce un malestar, por la inconsulta acción, cuyo resarcimiento reclama mediante la presente acción., en consecuencia se declara con lugar la demanda y así se decide"

[5] La sentencia ordenó recolocar dentro del mar la escultura "Monumento al Pescador",  después de que una   del espacio litoral hiciera que pasara de estar rodeada de agua a arena de una playa. El Juzgador estimó que la autoridad no cumplió con su obligación de conservar el monumento en el entorno para el que fue concebido, el agua, con su singularidad artística. "Monumento al Pescador" consta de dos partes: una proa (un espigón que emerge del mar y que actualmente se ubica en medio de la arena de la playa, lo cual será corregido), y un timón, elemento situado originariamente en tierra.

[6] FJ 7º SJMER.
[8] El sentido común, más que las normas, obligará al autor a aceptar modificaciones necesarias, como lo son incorporar rampas donde habían escaleras para con ello facilitar el desplazamiento de las personas con discapacidad; agregar salidas de emergencias para cumplir con nuevas Ordenanzas Municipales, pero previendo el propietario del inmueble que primeramente debe dársele al autor el derecho de diseñar estas obligatorias y necesarias modificaciones.

 

<< Volver a la página anterior
Descargar Artículo
No hay archivo para descargar
Nuestra Firma | Profesionales | Artículos | Noticias | Contacto y Consultas | Limitación de Responsabilidad | Política de Privacidad
© 2009 Estudio Antequera Parilli & Rodríguez, S.C. R.I.F. J-30863395-0
Miembros de Global Advertising Lawyers Alliance
Diseño del Sitio Web: TM Conceptos C.A.