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30/04/2014
La originalidad dentro de la fuerza expresiva es el elemento que brinda protección legal a una obra del ingenio
Por:  Manuel Antonio Rodríguez

Hace casi treinta años, cuando leí por primera vez esta afirmación, en mi inicio en el mundo autoral, creí que su sentido, aplicación y alcance era de fácil reconocimiento. Bastaba, pensé, bajo una sencilla interpretación, verificar la existencia o no de los requisitos necesarios para considerar que una manifestación del intelecto humano debía considerarse obra. Al profundizar más en el asunto de la originalidad, fui percatándome que, pese a existir una doctrina mayoritariamente aceptada que rige los principios básicos para calificar lo que debe considerarse como original, las situaciones y hechos que se presentaban hacían muy ricas y animosas las discusiones, académicas o no, sobre la originalidad y la fuerza expresiva como vehículo que pone la obra a disposición y conocimiento del entorno, considerado como todo aquello externo distinto al fuero del autor.

 

Indudablemente que hay infinidad de obras en que la originalidad, cohesionada  con su forma de expresión, aflora de manara inmediata sin necesidad alguna de constatar,  si la misma le otorga individualidad a la manifestación del intelecto. Es esa individualidad,  que reside en la composición o contenido, o bien en la expresión o forma,  la que le permite diferenciarse de cualquier otra del mismo género, otorgándole el “sello personal”1 o impronta del autor. La originalidad debe tener una relevancia mínima suficientemente significativa, que permita concedérsele protección a su autor a través de la propiedad intelectual.

 

El interés del asunto radica en que no toda manifestación del intelecto debe ser considerada obra, existiendo universales limitaciones normativas, como las señaladas el artículo 9,2 del ADPIC y el artículo 2 del TODA/WCT, las que enfatizan que la protección del derecho de autor abarca las expresiones, pero no las ideas, procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos en sí. Por ello es que “... la originalidad se ha de predicar no sobre la idea plasmada, sino sobre la forma de expresión ...” 2. Resulta tan contundente esta afirmación que  basta se abandonó, por parte de la jurisprudencia estadounidense, la consideración como “obra” de todo aquello que sea el simple resultado del “sudor de la frente”, es decir, fruto de la “habilidad trabajo” y no de la “habilidad creativa”. 

 

En no pocas ocasiones se tiende a confundir el aporte técnico que un profesional hace, por ejemplo al elaborar un plano, con la existencia allí de una obra del ingenio susceptible de ser protegida legalmente. Esta apreciación es incorrecta, pues “Los planos son elaborados utilizando un método estándar que permita que cualquier persona con los conocimientos técnicos necesarios pueda sin problemas entender la información plasmada en ellos. La función de medio informativo que cumple este tipo de planos, conduce generalmente a que su creador tenga que limitarse a utilizar técnicas, elementos y símbolos gráficos que puedan ser entendidos sin posibilidad de duda…”3. Distinto es que se refiera a un plano arquitectónico que contenga, además de las precisiones técnicas, la forma de visualizar una estructura contentivo de elementos expresivos estéticos, sin importar su mérito, pero que pueda ser tenida como distinta a una del mismo género.

 

No es obra, por tanto, aun cuando represente un esfuerzo intelectual calificado que en no pocas ocasiones salva obstáculos procedimentales, la elaboración, llenado o presentación de recaudos, materializado a través de un Informe técnico o similar. Poco importa si su ejecutoria es en cumplimiento de requisitos, los cuales pudieren incluso estar normalizados mediantes formas o formularios. que deben ser llenados, completados o presentados, con la finalidad de cumplir válidamente un trámite que potencialmente genere un acto administrativo, para el otorgamiento o no, de una licencia, autorización, concesión u otra manifestación del  Poder Público. Lo que resulta relevante es determinar si es original y tiene una fuerza expresiva que lo diferencie.

 

Tampoco son obras, los recetarios de comida, pues ““realmente que «mandar freir», cocer, asar, condimentar esto o aquello,  no puede ser propiedad de nadie. Mas aconsejar a que se fría tal y cual cantidad, mandar a que se cocine durante cierto lapso de tiempo, recomendar que se ase así o asao, decir que se condimente de éste o de aquel modo, no constituye ingenio…” 4. Similar análisis aplica, por ejemplo, para “…un libro sobre perspectiva, no importa cuántos dibujos o ilustraciones pueda contener, no da derecho exclusivo a los modos de dibujar descritos, aunque pudiera ser que nunca antes hayan sido conocidos o usados” 5 . Y es que no existe un mecanismo de protección basado en un derecho de exclusiva, que impida que los resultados de un esfuerzo intelectual no constitutivo de una obra, puedan ser aprovechados sin ninguna contraprestación por terceras personas.

 

Podemos concluir afirmando que: “A cualquier definición que se recurra sobre la obra intelectual, se encontrará como constante que ella está referida de una u otra forma a una creación de la inteligencia, con notas de originalidad y significación personal”. 6. En ausencia de tales notas, el Derecho de Autor no puede brindar protección legal.

 

 

1. Corte Constitucional. CERLALC/Datalex. Bogotá, Colombia. 20-6-1996. 

2. Actas de Derecho Industrial y Derecho de Autor”. Ed. Instituto de Derecho Industrial/Universidad de Santiago (España)/Marcial Pons. Tomo XIX. Madrid, 1998, pp. 628-633.

3. Sala de Propiedad Intelectual del Tribunal de INDECOPI, Resolución No. 241-2001/TPI-INDECOPI. Perú. 26-3-200.

4. Tribunal de Justicia del Estado de São Paulo. Brasil.19-10-1976

5. Suprema Corte de Justicia. Estados Unidos de América. Baker c./ Selden. 101 U.S. 99 (1879)

6. Cámara Nacional en lo Civil y Comercial, Sala IV. Argentina. 17-7-1993

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