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28/07/2009
Las Marcas tridimensionales y los Diseños Industriales
Por:  Dr. Ricardo Antequera Parilli (†)

El Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina define a las marcas tridimensionales como “aquellas que poseen volumen, es decir que ocupan por sí mismas un espacio determinado, conforme lo explica el propio término tridimensional, que da la idea de la ocupación de las tres dimensiones del espacio (alto, ancho y profundidad)”  (Proceso 31-IP-2003).

Como todo medio identificador la marca tridimensional debe cumplir con el requisito de la “eficacia distintiva”, vale decir, la capacidad para individualizar efectivamente los productos o los servicios de una empresa (distintividad intrínseca) y diferenciarlos de los productos o servicios de la competencia (distintividad extrínseca), de modo tal que el público consumidor pueda reconocer a cada uno de ellos y elegir conforme a su propio criterio de selección.

La distintividad, en el caso de las marcas tridimensionales, debe ubicarse en la forma misma del medio identificador expresado en tres dimensiones, es decir, con prescindencia de los elementos denominativos (nombre) o bidimensionales (dibujos o gráficos), que puedan acompañar o no al diseño volumétrico que pretende identificar a una mercancía o a un servicio.

Por esa razón, la marca tridimensional debe ser un signo distintivo en sí mismo, y no puede confundirse su necesaria capacidad diferenciadora con la que puedan tener las etiquetas (denominativas, figurativas o mixtas), que se adhieran a la forma en tres dimensiones con la cual se presente el producto al consumidor.

Por su parte, se define al diseño industrial (dibujos y modelos), como toda reunión de líneas o combinación de colores o cualquier otra forma externa bidimensional o tridimensional, que se incorpore a un producto industrial o de artesanía para darle una apariencia especial, sin que cambie el destino o finalidad de dicho producto y sirva de tipo o patrón para su fabricación.

Si comparamos a la marca tridimensional con el diseño industrial podemos encontrar tres elementos en común, a saber:

  1. Son expresiones de forma y, por tanto, perceptibles a través de la vista.
  2. Ambos bienes intelectuales se incorporan a un producto.
  3. Ninguno de los dos está protegido como tal marca o diseño, según los casos, en  razón de la función o desempeño del producto o por cualquier ventaja técnica que éste tenga.

A su vez, también se presentan diferencias en cuanto a los requisitos para la protección de ambos bienes intelectuales, porque el diseño industrial exige para su tutela jurídica la novedad, es decir, que no haya sido accesible al público en cualquier lugar o momento, mediante su descripción, utilización, comercialización o por cualquier otro medio, antes de la fecha de la solicitud de su registro o de la prioridad que pueda ser invocada; y en cambio, una forma tridimensional, para optar a la condición de signo distintivo, no implica que sea nueva o desconocida con anterioridad a la fecha de la solicitud registral, a los efectos de obtener la protección marcaria.

Por otra parte, mientras la expresión tridimensional es susceptible de tutela como marca en tanto distinga a un producto y cree una asociación en la mente del consumidor que le permita diferenciarlo de otro de la misma clase, el diseño industrial queda protegido como tal en tanto le imprima una apariencia especial a ese producto, es decir, en definitiva, lo haga más atractivo a la vista, razón por la cual mientras la marca es distintiva, el diseño es ornamental.

De esa manera, una forma tridimensional puede ser distintiva, pero sin darle, por esa razón, una característica atractiva al producto que identifica, mientras que un diseño industrial puede serlo por hacer atrayente la presentación de ese producto, aunque el consumidor no pueda asociarlo con un origen empresarial determinado.

En razón de esas diferencias, la protección también es distinta, porque mientras el “ius prohibendi” en el derecho marcario está esencialmente vinculado al riesgo de confusión o de asociación con los productos que se identifican o a la dilución de la fuerza distintiva o del valor comercial del medio identificador protegido; ese derecho de impedir, en el caso del diseño industrial, se extiende a toda fabricación, importación, introducción en el comercio o uso comercial de productos que incorporen o reproduzcan dicho diseño, sin consideración alguna acerca de la posibilidad de inducir a confusión en cuanto a su origen empresarial o a la posible pérdida del valor empresarial del diseño protegido.

Pero nada impide que una misma expresión en tres dimensiones cumpla con las dos condiciones y pueda por ello optar a la doble protección, por supuesto, siempre que se llenen los respectivos requisitos legales y se cumplan los trámites para la obtención de los correspondientes registros.

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